Manual para motores que se niegan a obedecer
Nos han enseñado a temerle al roce, como si la fricción fuera un error de fábrica. Leemos las advertencias impresas en vertical y nos tragamos el cuento de serie: que la duda destruye la fe, que el miedo bloquea el valor, que la ira elimina la paz, que el orgullo impide el amor, que la envidia apaga la gratitud y que la pereza mata los sueños. Parece una sentencia definitiva: el manual perfecto que te imponen desde fuera para que camines en línea recta, obedezcas las señales y dejes que el sistema decida por ti. Pero, a los quince años —o a la edad en que uno empieza a despertar—, te crees que el mundo viene con el depósito lleno y las respuestas dadas de antemano. Te venden la moto ya arrancada para que no te molestes en mirar qué hay bajo el cárter. Sin embargo, basta con coger las herramientas y darle la vuelta a la llave. Leer la vida a contramano, como se comprueba un bloque viejo cuando se niega a girar: — La pereza no es una simple pausa; es el síntoma inequívoco de que los sueñ...









