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Hexágonos de carne

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Hexágonos de carne No soy un número en una lista. No soy la suma de mis tareas. No soy el eco de lo que produzco. Soy el vértigo de una pausa en medio del vértigo del mundo. Soy la mano que tiembla al escribir, el ojo que se pierde en una nube cuando todos miran el reloj. La prisa no me define. El ruido no me nombra. Detrás de cada clic hay un pulso, detrás de cada pantalla hay un alma que respira, que duda, que espera. El error no es fractura: es la grieta por donde entra la luz. El silencio no es vacío: es el suelo donde crece lo verdadero. No mido mi existencia en cifras. La mido en abrazos, en miradas, en las cosas que no se archivan, en las que no caben en un informe. Soy carne y memoria. Soy pregunta y asombro. Soy el que se detiene a escuchar el latido del mundo. Y aunque todo empuje a ser máquina, yo elijo recordar: seguimos siendo humanos. — Sergio Casanova Segura Amiss0709.S.C.S.

La única patria que no se puede perder

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«Español, republicano y poeta. ¿Le parece poco, compañero?», le respondió al funcionario mexicano aquel veterano de cincuenta años que acababa de descender de un barco en Veracruz. Había escapado a última hora desde el puerto de Alicante, viendo cómo los suyos se quedaban atrás en una playa convertida en ratonera, arrastrando los pasos tras haber defendido Madrid en media docena de frentes donde el frío calaba más hondo que el plomo. Llegaba roto de nostalgia, con los ojos llenos del polvo de las trincheras y el alma desgarrada por la distancia. No traía maletas, ni medallas, ni oro. En su bolsillo, como único escudo contra el desamparo, descansaba un libro deteriorado de Antonio Machado. Siempre que vuelvo a ese fragmento de nuestra memoria herida, me sobreviene la misma certeza en el pecho: hay una dignidad que ninguna derrota puede arrebatar, un refugio íntimo que permanece intacto cuando el mundo exterior se derrumba. Para aquel hombre, la patria ya no era una frontera, n...

Dar, daros mí propio regalo :Geben, euch mein eigenes Geschenk geben Giving, Giving You My Own Gift

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MI REGALO DE CUMPLEAÑOS PARA TODOS Dar, daros mí propio regalo El arte de dar Hay un arte que no se enseña. El de ofrecer tiempo a quien lo necesita. El de detenerse para mirar un atardecer como si fuera el primero. El de escuchar el viento, agradecer la lluvia, acariciar la corteza de un árbol y descubrir que la belleza siempre estuvo ahí, esperando unos ojos dispuestos. Dar no es vaciarse. Es comprender que cuanto más compartes la luz, menos pertenece a una lámpara y más al mundo. Dar una sonrisa. Dar un abrazo. Dar silencio. Dar presencia. Dar palabras cuando alivian y silencio cuando abrazan mejor. No espero que la vida me devuelva nada. La belleza nunca firma recibos. Simplemente florece para quien aprende a contemplarla. Porque el arte de dar no consiste en perder algo propio, sino en descubrir que aquello que se entrega de verdad siempre regresa convertido en otra forma de riqueza. Y cuando llegue el último día, no quiero contar lo que tuve, sino recordar todo lo que fui capaz d...

📝 Regalo de cumpleaños para quienes me leen

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Hoy es mi cumpleaños. Y en lugar de pedir, he decidido dar. Pero antes de regalar palabras, quiero compartir una confesión: hace un rato subí una imagen que, después de mirarla bien, no era mía. No encajaba con mis engranajes. Así que la borré. Porque yo no escribo para señalar con el dedo. Escribo para recordar que todos estamos en el mismo taller, aunque unos tengan las manos más limpias que otros. Hay personas que nacen con el motor afinado y el depósito lleno. Otras, como yo, hemos tenido que aprender a base de cicatrices, de llaves dinamométricas y de noches enteras preguntándonos si todo esto servía para algo. Y he visto cómo el sistema nos distrae con batallas falsas. Cómo nos venden enemigos para que no miremos a los que realmente se están llevando el pastel. Cómo nos hacen creer que el vecino es el problema, cuando el problema está en la estructura, en la falta de oportunidades, en la precariedad disfrazada de libertad. Pero hoy no quiero hablar de ellos. Quiero hablar de noso...

La brújula de quién amo

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BRÚJULA DE ALGUIEN QUE AMÓ A LA PERSONA EQUIVOCADA No me arrepiento del norte que le regalé. Me arrepiento de haberle dado mi centro y que ella lo usara como adorno. Pero el centro, cuando es verdadero, no se rompe. Se dobla. Y cabe en la memoria. Ahora mi brújula no busca su nombre. Busca mi sombra cuando el sol cae. Busca el silencio que no duele. Busca una mano que no pida permiso para quedarse. Porque hay amores que son tormenta y otros que son puerto. Yo confundí el ruido con la certeza, la ausencia con la libertad, su indiferencia con mi falta de mérito. Pero el que ama de verdad no te deja a medias en el mapa. No te borra cuando le conviene. No te convierte en un punto perdido para luego decir que nunca supo leer coordenadas. Hoy sostengo mi brújula frente al pecho. Ya no señala hacia ellla. Señala hacia adentro. Y ahí, en ese centro diminuto y feroz, está todo lo que ella no supo ver: mi paciencia hecha raíz, mi entrega hecha río, mi amor hecho de hueso y de ceniza, pero siempr...

Creyendo en cambios

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No soy uno menos: por qué sigo creyendo en el cambio Escribo sobre política con cierta frecuencia. Y, como a muchos, a veces me da la sensación de que mis palabras caen en un saco roto. Pero hoy he decidido que estas no se queden en el cajón. Porque hay algo que me inquieta. Hay una política social que promete mucho y cumple poco. Que se anuncia con grandes titulares, pero que en el día a día se desdibuja, se retrasa o directamente nunca llega a quienes debería llegar. Y cuando lo hace, a veces parece responder más a intereses particulares que al bien común. ¿Quién diseña realmente estas políticas? En teoría, los mejores. En la práctica, cada vez más ciudadanos sentimos que quienes deciden viven en una burbuja. No es que dudemos de su preparación, es que dudamos de que nos conozcan. Y esa duda, alimentada por años de promesas incumplidas, se convierte en desconfianza. No podemos construir una democracia sólida ignorando a su gente. La sabiduría no está solo en los despachos; también es...

Y duele...

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Hoy, cuando abro un libro, a veces me cuesta distinguir si estoy frente a un alma o frente a un algoritmo bien entrenado. Hay quien arma un libro en una tarde con IA, con plantillas y programas que escupen páginas a cambio de unos clics y una portada llamativa. Libros hechos para vender, no para sangrar. Libros que imitan la forma pero no llevan dentro ni una gota de grasa de motor ni una noche en vela mirando el techo después de cerrar el taller. Y duele. Duele porque quienes llevamos décadas escribiendo sabemos lo que cuesta parir cada párrafo: las manos temblando de cansancio, las dudas que te agarran por el cuello a las tres de la madrugada, las veces que borras todo y vuelves a empezar porque “casi” no es suficiente. Sabemos lo que es pactar con uno mismo, como decía en El motor gripado, y persistir aunque el motor esté gripado y la familia duerma. No se trata de odiar la tecnología. Se trata de defender el oficio. El talento no se genera con promesas. El talento se forja con tiem...

El motor que elijo seguir limpiando

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No puedes decírselo a nadie. Así empezó todo. Pero hoy, después de tantos kilómetros y tantas noches en penumbras, quiero hablaros directamente a vosotros. A los que leéis desde el otro lado de la pantalla buscando un poco de calor en mitad de la intemperie. Cuando alguien os mira desde fuera, a menudo prefiere pensar que lleváis un motor prestado. Es más fácil para ellos creer que vuestra vida ha sido restaurada por alguna empresa de intercambio, en una caja limpia, reluciente y con garantía. No toleran la idea de que alguien baje al foso por su cuenta, se manche de grasa hasta las cejas y rescate su propia máquina del desguace. Porque ver la moto brillar en la calle es fácil. Lo que no ven —lo que les da miedo mirar— es la verdadera belleza de este oficio: la belleza de limpiar un pistón con paciencia, de rascar el hollín de los malos años, de darle el bruñido necesario a la camisa del cilindro para que el aceite nuevo tenga dónde agarrarse, y de cambiar los retenes de válvulas y e...

El secreto detrás de la página 188

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Para los curiosos que habéis llegado al final de mi libro y os habéis detenido en la página 188, quiero contaros un secreto. Muchos me habéis preguntado por qué en las redes este emblema brilla a todo color y, en cambio, en el papel os lo encontráis envuelto en el misterio del blanco, el negro y el gris. No es casualidad. Mi obra se titula Donde muere el matiz, y lleva como subtítulo Anatomía de un ser obtuso. En un mundo saturado de ruido visual, postureo y polarización radical, decidí que el cierre del libro debía ser coherente con esa idea. Quería que el escudo descansara en el papel despojado de cualquier distracción digital, con la sobriedad, la textura y la crudeza del metal, obligándonos a buscar el matiz en la escala de grises. Este emblema, con sus cuatro puntos de orientación y su corazón entrelazado de esencia celta, es mi brújula. Pero no es un simple dibujo; es una declaración de intenciones sobre el valor incalculable de construir y defender tu propio norte en mitad de...

El día que decidio arrancar el motor

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El día que el motor se detuvo.  Hay ruidos extraños que te avisan de que algo va mal en la vida, y luego hay golpes secos que lo detienen todo por completo. Para mí, ese golpe llegó el 13 de febrero de 2005. Un accidente de tráfico me llevó directo a la oscuridad de un "pum". De aquel impacto me quedaron cicatrices y dolores físicos que, aún hoy, me recuerdan el precio de seguir aquí. No os cuento esto hoy, después de tantos años de silencio en este blog, para buscar vuestra compasión. En mi taller siempre he creído que las piezas no se tiran cuando se doblan; se enderezan, se pulen con paciencia y se les busca su tolerancia exacta. Aquel año estuve roto, muy roto. Pero el 7 de septiembre de 2005 algo cambió en mí. Todavía convaleciente, agarré una libreta y decidí que iba a aprender a soñar de nuevo, que iba a aprender a escribir. Dejé que las letras fueran la biela que volviera a hacer girar mi motor. Para que veáis que no os miento, hace poco rescaté de mi viejo ordenador ...

El ruido del mundo y el silencio del candil

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Hola de nuevo 😊  Llevo un tiempo en silencio en cuanto a críticas al múndo, al sistema... por aquí escribí algo, pero no os equivoquéis: estoy más vivo, preocupado y pensando que nunca. A veces, este humilde escritor necesita apagar la pantalla, meterse al taller dar cariño a las motos y dejar que baje el ruido del día a día para poder escucharse a sí mismo. Últimamente miro a mi alrededor , en casi cualquier sitio que observe y veo un mundo que va a mil por hora, un engranaje frío mal lubricado que nos empuja al individualismo , los extremos y a la prisa. Un juego donde muchas veces prefieres no decir nada para evitar conflictos, sin darte cuenta de que terminas viviendo en guerra contigo mismo por no hablar. Nos toca observar las mentiras, reconocer los patrones y, a veces, hasta hacernos los idiotas para sobrevivir la jornada y sacar el día adelante sin contratiempos cada vez más subidos de nivel. Es el coste de mantener el candil encendido en mitad de la noche. Pero no os e...