Y duele...
Hoy, cuando abro un libro, a veces me cuesta distinguir si estoy frente a un alma o frente a un algoritmo bien entrenado. Hay quien arma un libro en una tarde con IA, con plantillas y programas que escupen páginas a cambio de unos clics y una portada llamativa. Libros hechos para vender, no para sangrar. Libros que imitan la forma pero no llevan dentro ni una gota de grasa de motor ni una noche en vela mirando el techo después de cerrar el taller. Y duele. Duele porque quienes llevamos décadas escribiendo sabemos lo que cuesta parir cada párrafo: las manos temblando de cansancio, las dudas que te agarran por el cuello a las tres de la madrugada, las veces que borras todo y vuelves a empezar porque “casi” no es suficiente. Sabemos lo que es pactar con uno mismo, como decía en El motor gripado, y persistir aunque el motor esté gripado y la familia duerma. No se trata de odiar la tecnología. Se trata de defender el oficio. El talento no se genera con promesas. El talento se forja con tiem...