El motor que se para con la mayor dignidad
Hoy le pondrán medicación para engrasar un poco el dolor. No es una derrota esa medicación. Es un regulador de presión para que el motor no explote antes de tiempo. La vida a veces es así: no puedes reparar ciertas averías, solo puedes acompañar el parón con la mano en el hombro, con el silencio, con la mirada que dice «yo sigo aquí, viejo». Ya no habla. Solo duerme. Y su respiración es como el ralentí de una Harley en frío: irregular, profunda, pero aún allí. Aún gira. Aún está. Yo sigo en la silla. La misma de siempre. La que ya tiene la forma de mi espalda y de mis noches en vela. Y mientras él descansa, releo mi libro, porque necesito recordarme que esto ya lo escribí. Que el engranaje del destino no es una broma. Que el casino del mundo a veces reparte estas cartas, y lo único que puedes hacer es no retirarte de la mesa. Hoy no hay taller. No hay motores que reparar. Solo hay un mecánico de almas que se sienta al lado del motor más importante de su vida, y lo ve pararse suavem...