La holgura que jamás vimos o sentimos
La holgura que jamás vimos o sentimos Acaso las ideas nos pertenezcan, o acaso seamos nosotros quienes pertenecemos a ellas; pero entre el sentir y el decir se abre un desfiladero donde la expresión traiciona al pensamiento. No basta con albergar una verdad interior: hay que saber proyectarla con la fidelidad del artesano que reconoce su obra. Proyectarse no es exhibirse. Es sostener la coherencia entre lo que se es y lo que se muestra. Es saber que la verdad no se declama: se demuestra. Este principio, que algunos llamarían ética y otros coherencia, es la consecuencia lógica de una vida atenta. Porque si algo he aprendido en el taller es que el motor y el alma no son tan distintos. Ambos necesitan un mantenimiento regular, un combustible limpio y, sobre todo, la holgura justa para respirar. Un motor gripado no es tan distinto de un alma gripada. Los síntomas son los mismos: ruido, resistencia, pérdida de potencia. La tentación de forzar es la primera en aparecer, y el resultado tambié...