Las manos de la oligarquía
(Poema de taller)
Anestesiada la plebe bajo el titilar del kinetoscopio,
la plutocracia engrasa su cosecha perpetua.
Un anciano cierra la puerta de su hogar,
y en los altos palacios se brinda por el invierno.
El óxido jamás perdona,
aunque ellos aprendieran a vestirlo de oro.
El converso mendiga alivio en la clínica moderna,
mientras los guardianes del capital
contabilizan la rentabilidad del desgaste.
La mano tiembla al dosificar el letargo,
pero el soberano del dinero sonríe:
sabe que un alma sin mantenimiento
termina cediendo por fatiga.
Alineadas las conciencias
en academias de optimismo prefabricado,
los arquitectos del monopolio
calculan el beneficio de la debilidad.
Carestía.
Desahucio.
Tributo.
Tres engranajes de una misma máquina,
engrasada con el sudor
de quienes jamás ocuparán el salón de mando.
Los tribunos del pueblo
y los legados de la corporación
escenifican desacuerdos
sobre un escenario perfectamente engrasado.
La multitud aplaude el espectáculo,
mientras los dueños del mecanismo
ajustan los tornillos del beneficio
en su silencioso taller de sombras.
Las ciudades se revisten de piedra,
los barrios aprenden la obediencia,
los viejos escudos vuelven a colgarse
como si el poder pudiera heredarse
igual que un apellido.
Y, una vez más,
los poseedores del mundo
vuelven a frotarse las manos.
Pero abajo,
donde el óxido se combate con paciencia,
donde el mantenimiento
es una forma de dignidad,
donde cada pieza se ajusta a pulso
y cada herramienta conoce el peso del esfuerzo,
todavía queda quien se niega
a entregar el alma al engranaje.
Porque un motor bien cuidado
no se detiene por decreto.
Y un alma revisada a tiempo
no acepta vivir
como una pieza de recambio
en la maquinaria de otros.
— Sergio Casanova Segura
Amiss0709.S.C.S.

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Sergio Casanova Segura ( Amiss0709 )