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Mostrando entradas de julio, 2026

Hexágonos de carne

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Hexágonos de carne No soy un número en una lista. No soy la suma de mis tareas. No soy el eco de lo que produzco. Soy el vértigo de una pausa en medio del vértigo del mundo. Soy la mano que tiembla al escribir, el ojo que se pierde en una nube cuando todos miran el reloj. La prisa no me define. El ruido no me nombra. Detrás de cada clic hay un pulso, detrás de cada pantalla hay un alma que respira, que duda, que espera. El error no es fractura: es la grieta por donde entra la luz. El silencio no es vacío: es el suelo donde crece lo verdadero. No mido mi existencia en cifras. La mido en abrazos, en miradas, en las cosas que no se archivan, en las que no caben en un informe. Soy carne y memoria. Soy pregunta y asombro. Soy el que se detiene a escuchar el latido del mundo. Y aunque todo empuje a ser máquina, yo elijo recordar: seguimos siendo humanos. — Sergio Casanova Segura Amiss0709.S.C.S.

La única patria que no se puede perder

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«Español, republicano y poeta. ¿Le parece poco, compañero?», le respondió al funcionario mexicano aquel veterano de cincuenta años que acababa de descender de un barco en Veracruz. Había escapado a última hora desde el puerto de Alicante, viendo cómo los suyos se quedaban atrás en una playa convertida en ratonera, arrastrando los pasos tras haber defendido Madrid en media docena de frentes donde el frío calaba más hondo que el plomo. Llegaba roto de nostalgia, con los ojos llenos del polvo de las trincheras y el alma desgarrada por la distancia. No traía maletas, ni medallas, ni oro. En su bolsillo, como único escudo contra el desamparo, descansaba un libro deteriorado de Antonio Machado. Siempre que vuelvo a ese fragmento de nuestra memoria herida, me sobreviene la misma certeza en el pecho: hay una dignidad que ninguna derrota puede arrebatar, un refugio íntimo que permanece intacto cuando el mundo exterior se derrumba. Para aquel hombre, la patria ya no era una frontera, n...