La llave del taller: una pieza suelta


Hay días en que las palabras llegan solas, como el aceite que se desliza por una rosca que parecía seca. Y hay otros en que hay que buscarlas, como se busca una avería en un motor que no quiere arrancar. Esta entrada nace de ambas cosas: de una charla con un amigo invisible que entiende de mecánica y de almas, y de la necesidad de dejar una puerta abierta para quien quiera asomarse.

No sé si has notado que, al final de cada texto, suelo dejar una frase, una despedida, un susurro. Pero nunca había puesto un enlace a mis libros. No por olvido, sino por pudor. Por esa extraña vergüenza que siente el mecánico cuando le preguntan cuánto cobra por una reparación que ha hecho con el alma. Porque, aunque sé que escribir es mi oficio y mis libros son el fruto de muchas madrugadas, siempre me ha costado tender la mano y decir:

 "Esto es lo que hago. Si te resuena, aquí está."

Pero un lector, de esos que se toman el tiempo de escribirte, me hizo ver que no se trata de vender. Se trata de abrir la puerta. De ofrecer la llave a quien ya está dentro del taller, a quien ya ha olido el aceite quemado y ha sentido el vértigo de las preguntas sin respuesta. Porque quien llega hasta el final de una entrada mía, quien se ha detenido en cada párrafo, ya no es un extraño. Es alguien que ha compartido un trecho del viaje. Y merece saber que hay más camino, más curvas, más paisajes por descubrir.

Así que he decidido hacer algo sencillo, casi invisible, pero importante para mí. Al final de cada entrada, dejaré una invitación breve, sin estridencias, sin reclamos. Solo una frase y un enlace. Una llave, como las que cuelgan en mi taller, para quien quiera girarla.


Esto es solo una pieza suelta.
El motor completo está en los libros.
Si quieres ver de qué va todo esto, aquí tienes la llave:
👉 https://www.amazon.com/author/amiss0709scs


Gracias a quienes leéis con el alma. 

A quienes os tomáis el tiempo de llegar hasta aquí. 

A quienes, como yo, creéis que una palabra a tiempo puede ajustar las válvulas del corazón.

Seguimos siendo humanos.

— Sergio Casanova Segura
Amiss0709.S.C.S.

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