Calor

CALOR

Convengamos que este julio andaluz
es una hoguera sin dueño,
un duende de fuego que no canta, solo quema.
Convengamos
incluso
que la Costa del Sol es leña bendita y maldita,
olivos centenarios que se retuercen de sed,
pueblos blancos cegados de luz,
caminos de chumberas y romero ardiendo,
y el mar, ay, el mar,
una plancha de estaño fundido
donde se ahogan los últimos reflejos.
Convengamos
por último
que el poeta debería
sacar agua de la llama,
invocar un levante fresco,
y convertir este brasero
en copla que alivie el pecho.
Tal vez, yo no sea ese poeta
que esperáis,
aquel que baila descalzo sobre brasas
y escupe versos mojados de rocío.
Pero lo cierto es que tengo
calor.
Calor de siesta rota en Ronda,
de calles de Frigiliana que tiemblan como espejismos,
de Málaga que huele a sal, a azahar quemado y a sudor de guitarra.
Calor que se mete en los huesos como un cante jondo,
que aprieta la garganta
y hace que las palabras salgan lentas,
pesadas,
derretidas.
Aquí, bajo este sol que todo lo devora,
donde hasta las sombras se esconden,
yo me deshago
como cera de Virgen en procesión,
como nieve imposible en la sierra,
y sin embargo escribo,
con la piel en llamas
y el corazón hecho ascua.


Amiss0709.S.C.S

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