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Mostrando entradas de agosto, 2026

Óxido y poesía

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Para mamá, papá, mi yaya y todos los caídos de bien... El óxido no es el final. Es la cicatriz del tiempo, la huella de lo que un día fue motor, de lo que rugió… y nunca se rindió. Yaya, mí señora pequeñita ❤️  tú que engrasaste mi alma con tu ternura de hierro, que me enseñaste que el amor también se mide en manos arrugadas y en miradas que nunca pidieron nada. Mamá, guerrera contra el cáncer y contra la vida, te marchaste demasiado pronto, pero dejaste la chispa. Esa que todavía prende cada vez que cierro los ojos y te recuerdo. Papá, gigante de mil batallas, tú me enseñaste la fuerza del cigüeñal y la dignidad de quien, incluso al caer, encuentra la manera de levantarse. Y a todos vosotros, los caídos de bien. A los que estuvisteis en el velatorio. A los que llamasteis. A los que escribisteis. A los que sostuvisteis el silencio con un abrazo. A los que hicisteis que el frío doliera un poco menos. Vosotros sois el engranaje que todavía gira en mi pecho. No os fuisteis del todo. O...

Ceniza, chispa y gratitud ❤️

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Hoy hemos incinerado a mi padre. Suena frío decirlo así, pero no lo fue. Fue un acto de entrega, como cuando dejas ir una pieza que ya ha cumplido su ciclo y sabes que no hay reparación posible, solo despedida con honores. Y en ese momento, entre el humo y el silencio, no pude evitar pensar en mi madre. Ella también fue una guerrera, también se fue joven, también luchó contra el cáncer con una dignidad que no he vuelto a ver. Y aunque yo no creo en dios, me gusta pensar que, desde algún lugar, ella lo sintió. Que estuvo ahí, de algún modo, acompañando a su compañero de viaje en este último tramo. Dos motores que se encuentran después de tanto tiempo. Pero no he estado solo en este proceso. Y quiero que quede escrito, porque esto no se olvida: cientos de personas se acercaron al velorio. Llamaron. Escribieron. Colgaron sus respetos en las redes. Y no fueron palabras vacías, fueron el aceite que engrasa los engranajes del duelo, el calor que ayuda a que un motor frío vuelva a girar. Mi f...

El motor que se para con la mayor dignidad

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Hoy le pondrán medicación para engrasar un poco el dolor. No es una derrota esa medicación. Es un regulador de presión para que el motor no explote antes de tiempo. La vida a veces es así: no puedes reparar ciertas averías, solo puedes acompañar el parón con la mano en el hombro, con el silencio, con la mirada que dice   «yo sigo aquí, viejo». Ya no habla. Solo duerme. Y su respiración es como el ralentí de una Harley en frío: irregular, profunda, pero aún allí. Aún gira. Aún está. Yo sigo en la silla. La misma de siempre. La que ya tiene la forma de mi espalda y de mis noches en vela. Y mientras él descansa, releo mi libro, porque necesito recordarme que esto ya lo escribí. Que el engranaje del destino no es una broma. Que el casino del mundo a veces reparte estas cartas, y lo único que puedes hacer es no retirarte de la mesa. Hoy no hay taller. No hay motores que reparar. Solo hay un mecánico de almas que se sienta al lado del motor más importante de su vida, y lo ve par...