El motor de la sociedad y el falso aire del odio
Quizás el mayor peligro al que nos enfrentamos no sea que el mundo se acabe. Quizás sea algo mucho más silencioso.
Que un día nos acostumbremos a odiarnos. A mirar con desprecio al que piensa diferente. A desconfiar del vecino.
Y mientras nosotros nos peleamos por colores, ideas, fronteras o etiquetas, olvidamos lo más importante: que detrás de cada opinión hay una persona, detrás de cada familia hay preocupaciones y detrás de cada ser humano hay alguien que también quiere vivir en paz.
No tenemos que pensar igual. No tenemos que votar igual. No tenemos que creer lo mismo. No tenemos ni siquiera que estar de acuerdo. Pero tenemos que aprender a respetarnos otra vez.
Porque una sociedad dividida es una sociedad débil. Es como un motor al que le hemos quitado el aceite. Cuando dejamos de hablar, dejamos de entendernos. Cuando dejamos de entendernos, empezamos a temernos. Y cuando empezamos a temernos, es muy fácil que alguien consiga convertirnos en enemigos.
Eso es un falso aire. Esa fuga de respeto que se cuela por las grietas y que, si no la sellamos a tiempo, hace que el motor se agarre y se rompa.
Y eso sí debería preocuparnos. Porque al final del día, cuando se apagan las pantallas y desaparecen los titulares, todos volvemos a nuestras casas. Unos abrazan a sus hijos. Otros cuidan de sus padres. Otros salen a trabajar para sacar adelante a su familia. Otros simplemente desean tener un poco de tranquilidad. La vida real no debería ser una guerra permanente.
Quizás ha llegado el momento de dejar de preguntarnos quién tiene la razón y empezar a preguntarnos qué podemos hacer para no perder lo que todavía tenemos en común. Porque podemos pensar diferente y seguir siendo vecinos. Podemos discutir y seguir respetándonos. Podemos tener ideas opuestas y, aun así, tendernos la mano.
El verdadero enemigo sería perder nuestra humanidad mientras creemos estar defendiendo nuestras ideas.
El mundo no necesita más odio. Necesita personas capaces de recordar que, antes de ser de un lado o del otro, somos personas. Y que el matiz, como el aceite, no muere: sobrevive en nuestra conciencia, y es el único lubricante capaz de mantener esta gran máquina girando.

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De corazón,que la fuerza y el amor nos guíen.
Sergio Casanova Segura ( Amiss0709 )