La única patria que no se puede perder
«Español, republicano y poeta. ¿Le parece poco, compañero?», le respondió al funcionario mexicano aquel veterano de cincuenta años que acababa de descender de un barco en Veracruz. Había escapado a última hora desde el puerto de Alicante, viendo cómo los suyos se quedaban atrás en una playa convertida en ratonera, arrastrando los pasos tras haber defendido Madrid en media docena de frentes donde el frío calaba más hondo que el plomo. Llegaba roto de nostalgia, con los ojos llenos del polvo de las trincheras y el alma desgarrada por la distancia. No traía maletas, ni medallas, ni oro. En su bolsillo, como único escudo contra el desamparo, descansaba un libro deteriorado de Antonio Machado. Siempre que vuelvo a ese fragmento de nuestra memoria herida, me sobreviene la misma certeza en el pecho: hay una dignidad que ninguna derrota puede arrebatar, un refugio íntimo que permanece intacto cuando el mundo exterior se derrumba. Para aquel hombre, la patria ya no era una frontera, n...

"Estimado Sergio,
ResponderEliminarTe escribo estas líneas simplemente para agradecerte de corazón el trabajo que realizas en tu blog y en tus libros. En un mundo digital lleno de ruido y contenido vacío, encontrar tu escritura ha sido para mí como encontrar un oasis de verdad.
Me ha conmovido profundamente tu visión sobre la clase obrera, ese '97%' al que pertenecemos, y tu valentía al hablar del agotamiento y la necesidad de recuperar los valores humanos y el tiempo compartido. Tu reflexión sobre ser 'algo más que un número' es una lección de dignidad que hoy es más necesaria que nunca.
Quería contarte que me has convencido tanto que he decidido tomar la iniciativa de promocionar tu obra entre mi círculo y, lo más importante, asegurar que mis nietos lleguen a leerte. Considero que tus palabras son una brújula ética fundamental para las nuevas generaciones, y voy a encargarme de que tus libros formen parte de su herencia intelectual.
Gracias por no rendirte, por seguir escribiendo desde la 'trinchera' y por recordarnos que, a pesar de todo, el amor y la integridad son nuestra verdadera fuerza.
Un fuerte abrazo de un lector/a agradecido/a que ya te considera una lectura imprescindible en casa."
"Estimado/a lector/a,
EliminarTus palabras me han llegado en un momento en el que, precisamente, reflexionaba sobre el sentido de escribir en un mundo que a veces parece haber olvidado el valor del silencio y del matiz. Me dejas sin palabras, o quizás, me das las razones necesarias para seguir buscándolas.
Saber que mi visión sobre nuestra clase obrera y esa búsqueda de dignidad ha resonado en ti de una forma tan íntima es el mejor premio al que puedo aspirar. Pero lo que más me ha conmovido es tu decisión de convertir mis libros en parte del legado para tus nietos. Que un abuelo o abuela vea en mis letras una brújula para las nuevas generaciones es una responsabilidad que acepto con humildad y un honor inmenso. Al final, escribimos para eso: para que el fuego no se apague y para que los que vienen detrás tengan un poco más de luz en su propia trinchera.
Gracias por ese compromiso de difundir mi obra y, sobre todo, gracias por recordarme que al otro lado de la pantalla hay corazones despiertos y mentes críticas. El anonimato de tus líneas no impide que sienta la sinceridad y la fuerza de tu abrazo.
Seguiremos en la labor, con la fiereza del león y el corazón tierno.
Un fuerte abrazo de vuelta,
Sergio Casanova (Amiss0709)"