Óxido y poesía
Para mamá, papá, mi yaya y todos los caídos de bien... El óxido no es el final. Es la cicatriz del tiempo, la huella de lo que un día fue motor, de lo que rugió… y nunca se rindió. Yaya, mí señora pequeñita ❤️ tú que engrasaste mi alma con tu ternura de hierro, que me enseñaste que el amor también se mide en manos arrugadas y en miradas que nunca pidieron nada. Mamá, guerrera contra el cáncer y contra la vida, te marchaste demasiado pronto, pero dejaste la chispa. Esa que todavía prende cada vez que cierro los ojos y te recuerdo. Papá, gigante de mil batallas, tú me enseñaste la fuerza del cigüeñal y la dignidad de quien, incluso al caer, encuentra la manera de levantarse. Y a todos vosotros, los caídos de bien. A los que estuvisteis en el velatorio. A los que llamasteis. A los que escribisteis. A los que sostuvisteis el silencio con un abrazo. A los que hicisteis que el frío doliera un poco menos. Vosotros sois el engranaje que todavía gira en mi pecho. No os fuisteis del todo. O...