El Taller del adiós

El taller del adiós

Entré cuando el taller era una herida  
de luz naranja, polvo y gasolina;  
la tarde ardía como una ascua fina  
y el motor, mudo, pedía otra salida.
No vino el Creador; no vino nada.  
Solo el olor del hierro y de la ausencia,  
el óxido subiendo con paciencia  
por cada vena de la mano amada.
Busqué la chispa en la bujía fría,  
busqué en el aceite la memoria negra,  
busqué el ruido que antes me decía:  
“Estoy aquí; no me abandones, espera”.
Pero el motor no era solo motor:  
era tu risa en el rugido primero,  
era tu mano en el volante, tu sudor,  
era el camino que te hizo compañero.
¡Oh fricción, dulce enemiga de la calma!  
¡Oh óxido que recuerdas más que yo!  
¿Cómo pedirle al corazón que no se abra  
si hasta el acero llora cuando se rompió?
Cambié el aceite negro por otro negro.  
Apreté tornillos con temblor de niño.  
No sabía reparar; solo sabía  
que el dolor también necesita cariño.
No le pedí volver a ser la misma,  
ni que el pasado volviera a la corriente.  
Pedí que el frío no cerrara en vano  
la puerta por donde se fue tanta gente.
Mi Papá

Y cuando giré la llave, lentamente,  
no vino el milagro, ni la eternidad;  
vino un temblor pequeño, casi un latido,  
como si algo dentro dijera: “Aquí estoy”.
No era la vida hecha de nuevo,  
ni el tiempo devuelto a su primer sendero.  
Era apenas un motor que seguía,  
herido, oxidado, pero encendido.
Y comprendí, con lágrima y con grasa,  
que amar no es devolver lo que se pierde:  
es quedarse junto a lo que aún respira,  
aunque el silencio pese como acero.


Amiss0709.S.C.S
A mí Papá con todo mí lubricaje y cariño ❤️


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