Manual para motores que se niegan a obedecer
Nos han enseñado a temerle al roce, como si la fricción fuera un error de fábrica. Leemos las advertencias impresas en vertical y nos tragamos el cuento de serie: que la duda destruye la fe, que el miedo bloquea el valor, que la ira elimina la paz, que el orgullo impide el amor, que la envidia apaga la gratitud y que la pereza mata los sueños.
Parece una sentencia definitiva: el manual perfecto que te imponen desde fuera para que camines en línea recta, obedezcas las señales y dejes que el sistema decida por ti.
Pero, a los quince años —o a la edad en que uno empieza a despertar—, te crees que el mundo viene con el depósito lleno y las respuestas dadas de antemano. Te venden la moto ya arrancada para que no te molestes en mirar qué hay bajo el cárter.
Sin embargo, basta con coger las herramientas y darle la vuelta a la llave. Leer la vida a contramano, como se comprueba un bloque viejo cuando se niega a girar:
— La pereza no es una simple pausa; es el síntoma inequívoco de que los sueños se han ahogado por falta de chispa.
— La envidia no es más que la luz apagada cuando miras la gratitud de quien sí se atrevió a construir lo suyo desde cero.
— El orgullo no es soberbia estúpida; es el escudo de hierro con el que el amor se defiende cuando intentan encasillarlo en un molde.
— La ira no quita la paz; a veces es el único estallido limpio y necesario para romper la falsa calma de los conformistas.
— El miedo nunca bloquea el valor: es el latido previo, el aviso en el cuentakilómetros de que estás a punto de hacer algo verdaderamente valiente.
— Y la duda… maldita sea, la duda jamás destruye nada auténtico. Es el primer acto de rebeldía, el destello eléctrico que enciende el motor cuando todos los demás se limitan a apagar el contacto.
Los sistemas se sostienen porque la multitud camina con los ojos cerrados, repitiendo lo que le tocó en suerte. Pero el verdadero poder —el de verdad, el que te mancha las manos de tinta y grasa— empieza el día en que te niegas a aceptar un destino prefabricado, abres el bloque por curiosidad y decides trazar tu propia ruta sobre el asfalto.
— Sergio (Amiss0709.S.C.S)
El matiz no muere; sobrevive en nuestra conciencia.


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De corazón,que la fuerza y el amor nos guíen.
Sergio Casanova Segura ( Amiss0709 )