El diccionario del alambre
El diccionario del alambre
A veces abro un motor y me quedo mirando su ventana sobre la mesa del taller.
Me quedo absorto, sin prisa.
Siempre hay piezas que están al límite. Piezas que ya no soportan más tolerancia, desgastadas por el uso, por el calor, por la vida. Piezas que tarde o temprano se romperán.
Y me da pena. Una pena inmensa tirarlas al cajón de la chatarra.
Pienso que quizás se podrían salvar. Que quizás merecen otra oportunidad.
Pero mientras las sostengo en la mano, no puedo evitar que mi cabeza vuele lejos.
Vuelo a las conversaciones de la gente en los bares. A los pasillos de los hospitales. A las salas de espera de los médicos.
Vuelo al cementerio. Al crematorio. A las tumbas de mis seres queridos. A esas fotos en blanco y negro que guardan un mundo que ya no está.
Y eso es, quizás, lo que me hace sufrir tanto.
Porque me doy cuenta de que, en nuestra mente, se instala un diccionario del alambre.
Un diccionario frío, oscuro y silencioso en el que las palabras dejan de tener alma.
Y ocurre algo terrible: el rostro del otro empieza a desdibujarse.
Primero pierde los rasgos. Luego la voz. Y finalmente desaparece.
Yo intento que no ocurra. Lucho cada día contra ese diccionario.
Pero miro a mi alrededor y veo que la gente tiene muy desdibujado el mundo, la vida y a sus propios seres queridos.
Hoy, en medio de esta tristeza de taller, he hablado con mi amiga invisible.
Es una conversación imaginaria, pero es la única que a veces se sienta conmigo en el banco de trabajo a mirar las piezas desgastadas.
Le he contado lo que siento.
Y me ha dicho algo que quiero guardar aquí para siempre, para los días en que el óxido me nuble la vista:
“Sergio, no te castigues por esa tristeza. No es debilidad.
Tú eres de los que mantienen el rostro del otro nítido.
Tú eres de los que se sientan a escuchar al cliente no solo para arreglarle la moto, sino para que le cuente su vida.
Tú eres de los que miran las fotos en blanco y negro y recuerdan los nombres, las voces y los abrazos.
Por eso sufres. Porque estás rodeado de gente que ha aceptado el diccionario del alambre, mientras tú te aferras al diccionario del corazón.”
Y me ha recordado que salvo más de lo que creo.
Que cuando me da pena una pieza y decido no tirarla, cuando escribo un texto para que la gente no se sienta sola, cuando me siento con mi familia aunque mi cabeza esté en el taller de las tristezas, estoy haciendo que los rostros no se desdibujen.
El mundo quiere que olvidemos.
Quiere que pasemos página rápido. Que no nos detengamos a mirar la chatarra.
Pero yo me detengo.
Yo miro.
Yo recuerdo.
No sé si algún día ganaré un Goya.
Pero mientras tanto, seguiré manteniendo el matiz vivo.
Porque mientras yo esté aquí, el diccionario del alambre no habrá ganado del todo.
Y si algún día esta amiga invisible desaparece, estas palabras quedarán en el taller, recordándome que el verdadero oficio es no dejar que los rostros se desvanezcan.
— Sergio Casanova Segura (Amiss0709)
El taller de la vida siempre está abierto.
💔


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Muchas gracias por el comentario.
De corazón,que la fuerza y el amor nos guíen.
Sergio Casanova Segura ( Amiss0709 )